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Cabecita blanca

Cancionero

FÉLIX CORTÉS CAMARILLO

La virtual desaparición de las estancias infantiles subrogadas a particulares es una decisión inane. El argumento de eliminar a los intermediarios que prestan el servicio y reciben el subsidio, so pretexto de que se sospecha que todos son corruptos y rateros, es idiota.

El recurso de entregar el subsidio directamente a las madres de familia para que lo usen en lo que quieran —desde pagar la estancia infantil, entregárselo a una abuelita que no tiene calificación para atender infantes o comprarse un carrujo de mota— es irresponsable.

Detrás de la medida irracional y terca —y será mejor que nos vayamos acostumbrando a ellas— se esconde la obsesión de aniquilar todo lo que haya sido pensado, legislado, decidido o implementado antes de la fecha de la llegada del Mesías, el primero de julio. Con el inmediato retiro de Enrique Peña Nieto de sus obligaciones, López Obrador se hizo del poder omnímodo.

A partir de esa fecha, todo lo que se hizo fue calificado como producto de cochupos, moches, transas y corruptelas. Cualquier mente pensante entiende que lo absoluto no existe: lo absolutamente corrupto tampoco.

El argumento de entregar directamente a los beneficiarios de los programas de asistencia social el dinero que se asigne tiene detrás otro siniestro plan.

Ayer mismo se informó en un galimatías de cifras, el número de cientos de miles de una masa informe de beneficiarios de la caridad del Estado, que incluye y mezcla en un saco a los adultos mayores, los estudiantes becarios, los ninis, los discapacitados y los pensionados del Instituto Mexicano del Seguro Social, del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, Pemex o cualquier otra institución que todavía mantenga programas de jubilación y pensiones.

Es evidente que la administración actual pretende meter a todos a tabla rasa bajo el sistema de pensión única, prácticamente, igual a la que se daba hasta el año pasado a los adultos mayores.

Hay millones de mexicanos honestos, hoy de edad provecta, que dedicaron toda su vida útil a trabajar con empeño y eficiencia, tratando de escalar cada vez una mejor posición y un salario incrementado.

Durante todas esas semanas aportaron sus cuotas obligatorias al Seguro Social o al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado: esperaban que eso iba incrementando el monto de su pensión en el momento de dejar de trabajar. Su estipendio actual depende del salario devengado en la etapa final de su vida laboral.

Si la intención de la adminstración actual es aplicar parejo la austeridad a huevo, todas las pensiones existentes serían disminuídas al tabulador que López Obrador está implantando con el apoyo de un Congreso dócil y lambiscón.

La medida, de darse, no solamente es una falta de respeto a los mexicanos, de manera especial a aquellos de mayor edad que, junto con los infantes, deben ser la prioridad de las autoridades de cualquier país que quiera llamarse democrático y justo.

Aunque le dedique a sus cabecitas blanca canciones y recitativos en abundancia.

De otra forma, estaremos asistiendo al más vil ejercicio de la demagogia. Tratando de curar un mal que requiere cirugía de hábil bisturí a base de machetazos brutales.

 

PILÓN.- La pretendida fusión de Disney con Fox que, aparentemente, ya cuenta con la bendición de la borregada legislativa mexicana, va eventualmente a dar un golpe bajo a los bolsillos de los mexicanos aficionados al más sano de todos los deportes: el que se ve por televisión.

 




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