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El Presidente choca con Hacienda

Razones

JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ

El gabinete, al igual que Morena y las fuerzas que le acompañan, tiene un solo factor de cohesión, el presidente López Obrador. En los demás, son una suma de fuerzas que, sin el Presidente en torno suyo, se convierten en centrífugas, con intereses y visiones del país divergentes. Hace tiempo dijimos aquí que dentro del gobierno coexisten el oficialismo y la oposición y que, de acuerdo a las circunstancias, al buen o mal ánimo del primer mandatario, se intercambian esas posiciones. Pero más allá de eso, existe otra división: los que se mueven con base en la realidad y los que trabajan con base en ocurrencias o promesas de campaña, que no toman en cuenta a aquella.

Lo que está sucediendo con la refinería de Dos Bocas es una buena demostración de esta forma de gobernar disociada y que quiere que la realidad se ajuste a sus deseos, que no entiende que gobernar es, en última instancia, el arte de lo posible. Desde la campaña electoral, la ahora secretaria de Energía, Rocío Nahle, convenció a Andrés Manuel de que en Dos Bocas, en Tabasco se podía construir una refinería en tiempo record, apenas tres años, que garantizaría, entre otras cosas, el abasto de combustibles en buena parte del país. Le dijo que la inversión necesaria sería de entre 6 y 8 mil millones de dólares. Y el Presidente tomó Dos Bocas como una de sus promesas de campaña.

Pero iniciado el gobierno, Pemex y el Instituto Mexicano del Petróleo advirtieron rápidamente que eso no era posible: que la refinería no se podría construir en tres años sino en, por lo menos, seis, y que costaría el doble, unos 14 mil millones de dólares. Nahle se basaba en una refinería en la India, que tardó tres años en construirse, pero olvidaba que antes de colocar un solo ladrillo, tuvo años de estudios de factibilidad y preparación. El costo presentado, seis mil millones, era un estimado, sin base presupuestal. Los mercados, los inversionistas y las calificadoras opinan, además, que invertir semejante cantidad de dinero en una refinería es absurdo, y que esos miles de millones de dólares se deberían invertir en lo que Pemex es más productivo: la exploración y extracción de crudo.

Quién sabe si al Presidente le informaron con detalle, pero lo cierto es que tanto en Pemex como en la Secretaría de Hacienda, que es la que en última instancia tiene que dar los recursos, están convencidos de que Dos Bocas, como lo propuso Nahle, no es viable y que esos recursos es mejor que vayan a Pemex. El subsecretario de Hacienda, Arturo Herrera, sin duda el principal operador en términos de finanzas públicas del gobierno federal, dijo en Londres y se publicó ayer en el Financial Times, que “se retrasará la construcción de la refinería en Dos Bocas, Tabasco, para dar apoyo a Pemex”. Herrera informó que se destinarán aproximadamente “2 mil 500 millones de dólares de la obra para incrementar la producción de la empresa estatal”, que es lo que reclamaban los mercados. Y agregó algo que es central: “no autorizaremos (la construcción) hasta que tengamos una cifra final que no sea muy diferente de los 8 mil millones de dólares originales”, y añadió que la inversión prevista en la refinería para este año “puede ir a la exploración y producción” de Pemex.

Y es que para Dos Bocas no hay un presupuesto definido porque no hay un proyecto y un plan de obras sobre la mesa, y como se estima en Pemex, en el Instituto Mexicano del Petróleo y en Hacienda, por ende, no se puede construir esa obra en tres años.

Pero, interrogado ayer, el Presidente sobre el tema, insistió en que Dos Bocas se construirá en tres años, que costará entre 6 mil y 8 mil millones de dólares y que el lunes presentará las bases de las primeras licitaciones. Una de dos, o el Presidente tiene datos que no tienen ni Hacienda ni Pemex ni el IMP ni la secretaria de Energía lo convenció de que con voluntad todo es posible. En realidad, el principal testimonio es el de Herrera: Hacienda no sabe cuánto va a costar la obra y no está dispuesta a financiar algo que supere los 8 mil millones. Energía no sabe cuánto va a costar porque ni tiene los planes maestros ni ha ejercido la planificación necesaria para lanzar una obra de esas características. Y los inversionistas institucionales del sector no están dispuestos a invertir en una obra a la que no le ven futuro, mientras sí quieren hacerlo en el sector de exploración y extracción.

La energía es la principal fuente de inversiones en el país y es donde se está tomando la mayor cantidad de decisiones equivocadas, y se presentan las mayores divergencias. No sólo en Pemex y en relación con la refinería, sino también en la Comisión Federal de Electricidad y en el manejo de los contratos de petróleo y gas.

El Presidente debe escuchar a sus autoridades hacendarias para saber en qué puede gastar y en qué no. Cuando los presidentes dejan de hacerlo, cuando creen que la economía se maneja desde su oficina de Palacio Nacional, como hicieron Echeverría y López Portillo, se llega a los mismos resultados económicos que tuvieron esos mandatarios.




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