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¿Quién está detrás de los abucheos a gobernadores?

PASCAL BELTRÁN DEL RÍO

La escena se repite cada vez que el presidente Andrés Manuel López Obrador está de gira fuera de la Ciudad de México –cosa que por lo general ocurre los fines de semana– en compañía del gobernador del estado: la gente rechifla al mandatario local y el Ejecutivo sale en su defensa, pidiendo respeto.

De hecho, la tendencia comenzó durante el periodo de transición, en la “gira de agradecimiento” que realizó el entonces Presidente electo, ocasión que utilizó para reunirse con los gobernadores.

Los abucheos se iniciaron en Baja California Sur, el 18 de septiembre de 2018. Y aparecieron también en Coahuila, Aguascalientes y Nuevo León, los días 4, 7 y 20 de octubre, respectivamente. En esa etapa, incluso tocaron las rechiflas a Cuauhtémoc Blanco, gobernador de Morelos, quien acababa de tener un enfrentamiento verbal con la dirigente de Morena, Yeidckol Polevnsky, por la conformación de las bancadas en el Congreso local.

Ya después de la toma de posesión de López Obrador, el abucheo se repitió el 9 de diciembre en Tabasco, la tierra natal del Presidente, cuando todavía era gobernador el perredista Arturo Núñez. Después ocurrió en Hidalgo, el 18 de diciembre, y en Coahuila, el 28 del mismo mes.

En enero, le tocó al gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, el día 3, y luego al de Oaxaca, Alejandro Murat, durante tres jornadas consecutivos, del 14 al 16. Volvió a suceder en Guerrero, el día 11; en Zacatecas, el 18; en el Estado de México, el 22; en Sinaloa, el 26, y en San Luis Potosí, el 29 de enero. En febrero, el turno fue para los gobernadores de Tlaxcala y Quintana Roo. La mecánica, siempre la misma: abucheos de los asistentes al mandatario estatal y un posterior “pórtense bien” del Presidente dirigido al público que insulta a la autoridad local.

Pocas veces los gobernadores abucheados han salido a defenderse públicamente. Una de las excepciones fue el guerrerense Héctor Astudillo, quien le reprochó en público a López Obrador, luego de recibir una rechifla en Tlapa, el 11 de enero, durante el primer acto oficial de AMLO en el estado.

Astudillo escribió en su página de Facebook: “Reitero a Andrés Manuel López Obrador lo que le dije al despedirlo en Tlapa: es necesario evitar que los seguidores de Morena hagan de sus eventos torneos de insultos y descalificaciones”.

El pasado fin de semana, los abucheos a los gobernadores se repitieron durante las giras que López Obrador realizó por Sonora, Chihuahua y Baja California Sur. Al responder a quienes gritaban “¡fueeeera, Corral!” y mentaban la madre al mandatario chihuahuense, López Obrador les dijo. “Tenemos que respetar a todas las autoridades, sobre todo si son autoridades legítimas, surgidas de procesos democráticos”. Y añadió que Javier Corral “está en su derecho a disentir y lo vamos a respetar siempre”.

El acto en Chihuahua parecía la repetición de otros, en los que el mandatario estatal es abucheado y el Presidente sale en su defensa, pero hubo una diferencia notable: Corral se convirtió en el primer gobernador en no tomar la palabra en un acto público encabezado por López Obrador.

Otra diferencia fue que el fin de semana se hizo pública la mecánica mediante la cual los dirigentes locales de Morena instruirían a sus simpatizantes a insultar y rechiflar al gobernador.

En una grabación que presuntamente circuló por WhatsApp, un dirigente de Morena en Sonora pide a los miembros del partido que acudirían al acto presidido por López Obrador y la gobernadora Claudia Pavlovich le echaran a ella “una abucheada de unos diez minutos, una abucheada que no pare, para que nuestro Presidente luzca más, por fa”.

Ayer busqué a Javier Corral para que me dijera por qué no habló en el acto público en el que participaba junto a López Obrador. La respuesta íntegra la puede usted encontrar en esta misma edición de Excélsior. En síntesis, me dijo lo siguiente: “Acompañé al Presidente en su acto político porque preferí correr los riesgos de las groserías que pasar como descortés (…) No pronuncié un discurso porque estaba enterado de todo lo que se estaba organizando y tampoco iba a permitir la ofensa que se le hizo al gobernador de Guerrero, cuando el Presidente puso a votación de sus seguidores si debía o no hablar.

“Estos actos están pensados, organizados y convocados bajo una estrategia político–partidista. Es como una extensión de la campaña, pero ahora como una especie de banquillo de los acusados, donde el Presidente sale al paso para salvar a los gobernadores de la muchedumbre”. Hay que preguntarse si los gobernadores seguirán prestándose a que los humillen en público.




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