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Histórico 1968: justifican el manotazo; descartaron ‘fallas’

Juegos Olímpicos, atentado al Presidente y un golpe de Estado, los pretextos del gobierno para acabar con el movimiento estudiantil, según el general Luis Gutiérrez Oropeza

 

CIUDAD DE MÉXICO.

El gobierno mexicano convirtió la celebración de los Juegos Olímpicos México 68 —entre el 12 y 27 de octubre—, en supuesto objetivo prioritario del Movimiento Estudiantil. No descartó tampoco un atentado contra el presidente Gustavo Díaz Ordaz y hasta un golpe de Estado, orquestado por comunistas.

Con esos elementos, sin ninguna prueba sustancial, es que la administración de Díaz Ordaz y al menos también la de Luis Echeverría justificaron la matanza de la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, que ocurrió la noche de hoy hace 50 años. El saldo de muertos por ese hecho no se conoce en realidad. El gobierno manejó en primera instancia 20, luego 26 muertos, incluido un soldado. Un periodista deportivo del diario británico The Guardian enviado por los Juegos Olímpicos escribió que habían sido 325. Investigaciones de National Security Archive, institución no gubernamental estadunidense contabilizó al menos 44 muertos, diez sin identificar. La Fiscalía especial creada en 2002 registró 37. A partir de lo cual, en México todo cambió.

En estos cincuenta años desde los hechos de Tlatelolco se han hecho análisis de lo que pasó y por qué pasó. Con el recuento del día a día desde el origen histórico del conflicto estudiantil, el 21 de julio de 1968, tomando como base la información publicada en Excélsior, es como ahora se coligen todos estos datos como para enfilar hacia esos tres ejes que habrían propiciado lo ocurrido el 2 de octubre.

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Menos de 24 horas después de que el conflicto estudiantil se convirtiera en una bola de fuego, el 27 de julio de 1968, públicamente el general Luis Cueto Ramírez, jefe de la Policía Preventiva del entonces Distrito Federal, acusado por los estudiantes de represor, direccionó hacia los Juegos Olímpicos el interés de los jóvenes.

Sobre los hechos que se originaron desde el 21 de julio, textualmente seis días después, Cueto Ramírez los calificó “como un movimiento subversivo que tiende a crear un ambiente de hostilidad para nuestro gobierno y nuestro país en víspera de los Juegos de la XIX Olimpiada”.

Dieciocho años después de los hechos en Tlatelolco, en mayo de 1986, el jefe del Estado Mayor Presidencial, el general Luis Gutiérrez Oropeza, también desarrolló la hipótesis de que los estudiantes en realidad lo que querían era sabotear los Juegos Olímpicos, que el Comité Olímpico Internacional (COI) había otorgado a México en octubre de 1963.

El general Gutiérrez Oropeza —al mando del Batallón Olimpia, creado como parte de la estrategia organizativa de los Juegos Olímpicos, pero que sí actuó en el marco del Movimiento Estudiantil, antes de su participación el 2 de octubre en Tlatelolco–, escribió un libro en homenaje a su jefe, el presidente Díaz Ordaz, titulado Díaz Ordaz, el hombre, el gobernante, donde sobre los hechos en la Plaza de las Tres Culturas de 1968 escribió:

“Gustavo Díaz Ordaz, en su Informe del primero de septiembre de 1968 había dicho al pueblo de México: ‘Ante la alternativa de escoger entre las estructuras mismas de México y las conveniencias personales, la decisión está tomada: defenderé los principios y arrostraré las consecuencias”.

“Si la noche del 2 de octubre fue sangrienta se debió a la premeditada agresión de que fue objeto el Ejército mexicano por parte de los “subversivos”, cuya manifiesta intención era de que ese día hubiera muertos, hecho que les daría una “bandera” para justificar sus actos y dar el golpe final.

“Lógicamente, la reacción del Ejército no se hizo esperar y tuvo que hacer uso de las armas para repeler la agresión. Tengamos presente que ya sólo faltaban 10 días para la iniciación de los Juegos Olímpicos y que, entre las condiciones fijadas por el Comité Olímpico Internacional destaca de manera principal “que todo país designado como sede de una Olimpiada, 40 días antes de su iniciación debe garantizar que se vive en un ambiente de estabilidad política y tranquilidad”.

En la página 35 del libro de circulación restringida que editó Gutiérrez Oropeza está el capítulo los Disturbios del 68, las Amenazas”. En esa parte del texto del militar se lee:

“El grupo comunista había proyectado un plan para atentar no contra el gobierno sino contra el pueblo de México, al que estaba colocando ante la alternativa de cambiar su régimen de gobierno y elegir entre la anarquía o la dictadura e iniciar la primera etapa de su plan aprovechando el menor incidente para intervenir con actos violentos y alterar el orden público. Pero su interés mayor es llevar los excesos hasta crear el caos en la ciudad de México y hacer fracasar la realización de los Juegos Olímpicos’”.

Gutiérrez Oropeza escribió que en el Estado Mayor Presidencial del presidente Díaz Ordaz “se tuvo conocimiento de un probable “atentado” en la persona del Presidente, el día primero de septiembre con motivo de su informe al pueblo de México en el recinto de la Cámara de Diputados. Como en la fecha citada no ocurrió ningún atentado, se pensó que podrían haber decidido llevarlo a efecto la noche del 15 de septiembre…”

“El Presidente de la República estuvo informado día a día de las amenazas contra su vida; sin embargo no cambió su proceder y comportamiento habituales en lo más mínimo y enfrentó con entereza los riesgos ‘del oficio y del cargo’. La seguridad de Díaz Ordaz, se la garantizó su pueblo”.

En el capítulo La noche del 2 de octubre, el general Gutiérrez Oropeza, quien murió en 2007 y que aunque fuera en silla de ruedas nunca faltó a ningún aniversario luctuoso de Díaz Ordaz, escribió que en el renglón del orden y la seguridad nacional, el gobierno no puede, no debe correr el riesgo de una falla, o un déficit, de un error o de una falla de hombría porque sí que está en juego la vida de una nación.

“Por ello, Gustavo Díaz Ordaz no tuvo más alternativa que emplear la fuerza para contener la violencia en que nos querían envolver. Cuando falta autoridad hacen actos de presencia la anarquía o la dictadura”.

ANDRÉS BECERRIL/EXCELSIOR

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