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Línea 12 será el socavón de la 4-T

Aunque Morena no había visto aún la luz cuando se construyó la Línea 12 del Metro, las víctimas del fatídico “incidente” de mayo pasado perseguirán a ese partido el resto del sexenio, igual que el socavón del Paso Exprés de Cuernavaca persiguió a Enrique Peña Nieto.

Cierto que la 4-T no hizo la obra, pero sí Marcelo Ebrard —uno de sus principales activos—, quien hoy se defiende como gato boca arriba, tratando de revertir la condena popular que lo culpa de la tragedia.

Tampoco la construyó Claudia Sheinbaum —la consentida del profesor—, pero está metida en el ajo porque en los últimos tres años ha sido responsable de la operación y mantenimiento del Metro, cuando asumió la Jefatura de Gobierno la aceptó como estaba.

Y por más que en Palacio Nacional juren que los conservadores no lograrán que estos funcionarios peleen entre sí, lo cierto es que ya llevan un tiempo jugando a las guerritas, y saben que el responsable no se quitará jamás esa marca.

Está claro que la filtración del peritaje de la empresa DNV a periodistas del New York Times fue la señal que elevó el nivel de fuego entre ambos, pues alguno de los dos deberá quedar fuera de la lucha por la Presidencia de la República.

El propio Presidente admitió que hubo filtraciones del gobierno capitalino, “como en todo gobierno”, aunque jamás señaló a Sheinbaum como responsable.

Como quiera, el dictamen señala que la obra fue ejecutada con las patas y que no estaba en condiciones óptimas cuando se inauguró, lo cual pone en la lona a Ebrard, quien ya escucha la cuenta de protección.

Finalmente, un animal político, el canciller busca evitar que Claudia se salga del ring y ha exigido un amplio informe de los trabajos de mantenimiento de la Línea Dorada; busca encontrar una forma de obligarla a negociar.

Por lo pronto declaró que si bien él gobernaba, las decisiones sobre la obra las tomaba un consejo especializado, con lo que se quiere lavar las manos. Quizá busque que un chivo expiatorio pague y todo mundo contento.

Quizá esté pensando en alguien como Enrique Horcasitas, por ejemplo, exdirector del proyecto. Ojalá no se les ocurra salir con que fue el soldador o el maestro doble cuchara el responsable, porque entonces sí sería el final de los dos. Como quiera la carga la tendrá Claudia, pues la suspensión del servicio afectará durante meses a cientos de miles de usuarios, y no se ve para cuándo pueda reanudarse, aunque sea parcialmente.

Y no porque el tramo subterráneo esté inoperable, pues, aunque tiene también sus fallas se podría usar. El problema es que no hay trenes disponibles. Da la casualidad que la mayoría de los convoyes están guardados en Tláhuac y no los pueden sacar debido a la trabe caída.

La guerra entre Marcelo y Claudia está lejos de terminar. Uno de los dos quedará fuera y las apuestas señalan que, con todo y que se dice muy eficiente y que además el 24 está todavía muy lejos —seguro le apuesta al olvido—, dicen que al canciller ya no lo salva ni la campana.

La Línea 12 será el socavón de la 4-T.

CENTAVITOS

Por cierto, más de uno se pregunta por qué en este asunto no sale a relucir el nombre de José Ramón Amieva, quien se aventó casi un año como jefe de Gobierno sustituto —relevó a Miguel Ángel Mancera—, y fue quien entregó las llaves del Antiguo Ayuntamiento a Claudia. Será porque Amieva es hoy alcalde de Morena en su pueblo natal en el estado de Hidalgo, entidad a la que sueña gobernar. Al menos le deberían preguntar si sabe algo, ¿no?

Adrián Rueda

Agencia: Excélsior

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