COLUMNAS

2018, en nuestras manos

Nunca tan cierta la pregunta, ¿qué podemos hacer por nuestro país? En lugar de ¿qué puede hacer México por nosotros?

ARMANDO SALINAS TORRE/EXCELSIOR

Hoy en día, las distracciones nos hacen olvidar por momentos el complicado panorama económico que padecemos, por ejemplo, de acuerdo con cifras del Inegi, en noviembre de 2016 tuvimos una inflación del 3.31%, en tanto que en noviembre de 2017 fue de 6.63%, es decir, hubo un incremento del doble, del crecimiento continuo y generalizado de los bienes y servicios de nuestra economía.

En tanto que el crecimiento económico de nuestro país, a nivel general, se encuentra alrededor del 3%, muy por debajo de lo que se requiere para cubrir las necesidades nacionales. Sin embargo, el mejor indicador es el malestar mayoritario de la población por las condiciones personales en que se encuentra.

Constantemente, escuchamos lo difícil que es cubrir las necesidades familiares, así como conseguir mejores salarios u oportunidades laborales; sin embargo, no se encuentra en el debate lo que cada uno de nosotros podemos aportar para mejorar la economía nacional a partir de nuestro propio esfuerzo personal.

Por ejemplo, en materia de solidaridad social, existen mensajes e indicadores alentadores, como el que pudimos admirar y reconocer con motivo del pasado terremoto sufrido en el centro de nuestro país. En el que los jóvenes salieron a las calles a ayudar en forma voluntaria y organizada superando incluso a las instituciones públicas.

Lamentablemente, pasada la emergencia se fue erosionando ese ímpetu y organización, dejando nuevamente la ineficacia y clientelista entramado institucional que padecemos.

Cabe hacer la anotación del papel que ha jugado la corrupción en todos los ámbitos de la vida para que nuestra sociedad se encuentre desarticulada y cooptada en detrimento de ella misma.

Un reflejo de ello lo podemos advertir en el número, por demás ridículo, de candidatos a los puestos de elección popular, ya que evidencia esa fragmentación y dispersión del esfuerzo social.

En la actualidad, parece que el sentido común es el menos común de los sentidos, ya que se le facilita a los depredadores modernos que consigan mantenernos, o peor aún, profundizar la división y crisis económica, puesto que de ello alimentan su supuesta fortaleza, de la miseria humana.

Hoy tenemos la oportunidad de construir nuestro propio destino, esforzándonos cada uno de nosotros y poniendo nuestro esfuerzo para evitar que los casos de corrupción que lamentablemente en casi todo el territorio nacional padecemos.

En 2018 elegiremos al Presidente de la República, sin duda uno de los cargos más importantes, porque tenemos la cultura presidencialista, virreinal y de los señoríos mesoamericanos, en los que se ha pretendido depositar el destino de las sociedades en un solo individuo.

No obstante lo anterior, a partir de nuestra propia historia y la evolución de la representación política, debemos aprender que será también importante la elección de los miembros del Congreso de la Unión y la fortaleza del Poder Judicial para mantener el equilibrio del poder que las democracias modernas tienen, con la finalidad de evitar el despotismo y la anarquía, tal como padece nuestro país hermano de Venezuela, entre otros.

Tenemos muchos retos por delante: crisis económica, inseguridad, corrupción, pero poco o nada podremos hacer si no logramos primero establecer nuestros objetivos personales, a fin de lograr una sociedad más preparada, culta, respetuosa, exigente y organizada para enfrentar a esos retos que me he referido, demandando de quien sea electo el cumplimiento de sus responsabilidades.

Hagamos conciencia de la trascendencia de las próximas elecciones y de la participación que tendremos, ya sea conociendo a los candidatos, su trayectoria, sus colaboradores y sus propuestas, así como generando una cultura de conciencia civil de derechos y obligaciones ciudadanas.

El 2018, como los subsecuentes años, depende de nosotros mismos, no de los demás. No hacer nada es tanto como abdicar de nuestra civilización y tirar a la basura el esfuerzo de quienes nos antecedieron para alcanzar lo avanzado.

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