COLUMNAS

ELECCIONES Y LA ECONOMÍA DE MÉXICO

          REMOLINO POLITICO

                                                                 Diciembre 12  2017

         Mario CASTELLANOS ALCAZAR

        Ahora sí, ya se inició de lleno el proceso electoral del año 2018. La mira del mundo está en la elección del Presidente de México, que pudiera cambiar el panorama político, económico y social del país mexicano, ante la globalización de la economía y los sectores de la producción. Existe un clima de expectación de los mercados financieros que se podrían reflejar en más inversiones o el retiro de los capitales nacionales e internacionales, cuya repercusión sería el desempleo, la inseguridad y la violencia, dependiendo de la estabilidad política del país.

     Con el proceso electoral del año 2018, que se consumará el uno de julio venidero, México se abrirá las puertas de los mercados macroeconómicos o bien se cerraran algunas plazas financieras y los procesos del cambio globalizado, dependiendo si el gobierno mexicano sigue siendo de corte neoliberal o se implanta un nuevo sistema económico con tendencias socialistas que tiende a aniquilar a los consorcios comerciales, el anarquismo y los privilegios, por un gobierno que dará más a los pobres y a la clase media, que hasta hoy están en bajos niveles de bienestar social.

    Depende, si el Presidente de México proviene del mismo sistema político mexicano, acabado, o bien se derrumba por la acción de los gobernantes de tipo social demócrata de corte neoliberal profundizado por la hegemonía del PRI- Gobierno o bien el próximo gobernante surge con un nuevo esquema y modernización de la economía, la consolidación de las instituciones  y un andamiaje jurídico que garantice la paz, la estabilidad social y política-
      Bueno, es que los mercados internacionales y los países que tienen intercomunicación con México ya tienen conocimiento que la competencia a la Presidencia de México se despejó con el último destape del inminente candidato de la Coalición “Por México al Frente” integrado por el PAN, PRD y MC,  el panista Ricardo Anaya, que en el supuesto de ganar el gobierno federal está en la tónica de conservar el viejo régimen capitalista, pues bien se relaciona con los grandes capitales y los partidos de la izquierda y la derecha se acoplan con el viejo molde económico y por supuesto se acercan al neoliberalismo, producto de un gobierno de los poderosos sin ver a los de abajo,  arropados en la esperanza de un cambio profundo auspiciado por un gobernante de la extrema izquierda, como lo pudiera facilitar Andrés Manuel López Obrador, quien podría encabezar el cambio de un sistema político moribundo, para lo cual se requiere de un nuevo modelo de la economía mexicana y la modernización de los sistemas productivos sin trastocar la unidad de los estratos sociales.

        Se tiene garantizado al electorado mexicano y a los observadores nacionales e internacionales que la contienda presidencial será de tres coaliciones, por una parte, la que encabeza el PRI con José Antonio Meade Kuribreña, la de “México al Frente”, por Ricardo Anaya y la Protagonizada por el Partido Movimiento de Regeneración Nacional MORENA, con Andrés Manuel López Obrador, de las que saldrá el Presidente de México. Tres fórmulas distintas y con sus propias plataformas electorales, a veces no muy compatibles como la que se refiere a la izquierda y la derecha. PAN- PRD, que no compaginan por definición histórica, sin embargo se han hilvanado para sacar al PRI del Gobierno de la República Mexicana.

        De dichos contendientes se espera la homologación de criterios en forma y tiempo, aunque con diferentes ideologías, debe prevalecer los intereses comunes de los mexicanos, respetando la cultura por encima de credos, fobias y filias de los sectores contrarrevolucionarios que le apuestan a la violencia y a la riqueza por encima de la pobreza ancestral, procurando el bienestar de los nacionales más allá de los intereses de los mega polios que han tratado de expulsar la riqueza y los bienes de producción de los propios hacia el exterior.

    Asimismo, se pretende evitar y expeler las confrontaciones, los dimes y diretes, es decir las descalificaciones entre los contendientes para evitar apasionamientos y los brotes de violencia en detrimento de la unidad de los mexicanos. Por ello, lo deseable es una campaña cargada de propuestas positivas que incentiven los ánimos con la finalidad de que los electores tengan opción a escoger las mejores alternativas de un cambio con rumbo y prosperidad, sin acudir a los viejos moldes de las consabidas mañas fraudulentas del PRI- Gobierno, que a estas alturas está orquestando el fraude electoral en contra de sus opositores para seguir conservando el poder y el dinero concentrado en una elite de saqueadores.
    carloscastellanos52qhotmail.com     
     

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