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Relevo en Rectoría de la UNAM: analizan los retos rumbo a la sucesión

La Rectoría en la UNAM, ya comenzó el cabildeo. Los retos para el próximo rector o rectora de la máxima casa de estudios son múltiples

A cinco meses del arranque del proceso de sucesión de la Rectoría en la UNAM, ya comenzó el cabildeo.

Los  retos para el próximo rector o rectora de la máxima casa de estudios son múltiples tras la pandemia de covid-19, que obligó a la urgente reconversión de los procesos de enseñanza-aprendizaje hacia lo digital, haciendo evidente el alto porcentaje de estudiantes que tuvo dificultades para conectarse a las clases en línea por la falta de un equipo o conexión a Internet y la denuncia de profesores de asignatura por la falta de pago, que develó otro problema de desigualdad salarial frente a la llamada “casta dorada”.

El  sucesor o sucesora de Enrique Graue tendrá que enfrentar también el grave problema de la violencia de género que persiste en la Universidad Nacional y que en 2019 provocó la paralización, durante meses, de diversas escuelas y facultades.

Deberá garantizar, además, los recursos para seguir otorgando las becas Elisa Acuña de apoyo a la manutención a sus estudiantes, luego de que el gobierno federal retiró sorpresivamente el presupuesto para este programa que beneficia a 110 mil jóvenes, causando gran inquietud entre los alumnos que comenzaron a movilizarse ante el anuncio.

El nuevo jefe de la institución, en opinión de gran parte de la comunidad universitaria, tendrá que ser una persona con el liderazgo político y la sensibilidad necesaria para mantener una relación cordial con el gobierno federal, en medio de las críticas lanzadas desde el Poder Ejecutivo, que acusa a la Universidad Nacional Autónoma de México de haberse “derechizado”. También deberá afrontar escándalos como el presunto plagio de la tesis de licenciatura de la ministra Yasmin Esquivel.

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Además, contar con méritos académicos y estar atento a las necesidades de su comunidad, para lograr que la máxima casa de estudios mantenga su prestigio como la mejor universidad pública de México entre 32 instituciones estatales de educación superior en el país. 

Asimismo, responder a las demandas legítimas de los universitarios y mantenerse alerta ante los intentos de desestabilización de grupos ajenos a la Universidad que se infiltran en protestas y realizan actos vandálicos.

EL TAMAÑO DEL RETO

Mantener funcionado a una institución con una matrícula de 369 mil 607 estudiantes y 42 mil 535 maestros en 16 facultades, nueve escuelas nacionales, cinco unidades multidisciplinarias, nueve planteles de la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) y cinco del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), así como 35 institutos, 13 centros y 13 programas universitarios requiere, coinciden algunos universitarios, de un perfil flexible, capaz de crear consensos.

Entre las tareas de la persona que ocupe el más alto encargo en la Universidad Nacional a partir de noviembre próximo se encuentran dar mantenimiento a las instalaciones de una institución que cumplió 112 años de existencia y cuenta con dos mil 207 edificios, algunos de los cuales ya se han hecho viejos. 

Dotar de conectividad total a la UNAM, que hasta ahora sólo es una realidad para los nueve planteles de la ENP y los cinco CCH, así como para algunas facultades, será otro de los compromisos que deberá asumir el próximo rector o rectora.

Discutir si la UNAM debe o no seguir creciendo y cómo debe hacerlo, hacer diagnósticos sobre los planes de estudio, el proceso de enseñanza-aprendizaje, y atender la situación socio-emocional de su comunidad, parte de la cual no estuvo dos años en las aulas, son parte de las tareas que tendrá, opinan  algunos de los “rectorables”, que entrevistó Excélsior.

LOS MÁS NOMBRADOS

Ninguno ha levantado la mano todavía, sin embargo, desde hace meses, en conversaciones internas entre la comunidad universitaria, ya suenan sus nombres para encabezar la Rectoría. “Es muy pronto todavía”, reconocen algunos.

Son siete los más nombrados y, para conocerlos, Excélsior inicia desde hoy y hasta el próximo domingo una serie de entrevistas con estos universitarios, quienes aparecerán en orden alfabético, en las que hablan de sus áreas de trabajo, cómo impactó la pandemia a la UNAM y la manera en la que ven a la casa de estudios tras el paso de las crisis, así como sus retos a futuro.

Son cinco hombres y dos mujeres, la mayoría universitarios cercanos al primer
círculo del rector Graue.

Entre los nombres que se mencionan están el ingeniero Luis Álvarez Icaza, secretario administrativo de la UNAM, exdirector del Instituto de Ingeniería y hermano del senador Emilio Álvarez Icaza. También, Raúl Contreras, quien en 2016 fue nombrado director de la Facultad de Derecho y en 2020 fue designado para un segundo periodo.

En la lista están también la bióloga Patricia Dávila, secretaria de Desarrollo Institucional de la UNAM y exdirectora de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala; el astrónomo William Lee, quien coordina la Investigación Científica de la UNAM y antes dirigió el Instituto de Astronomía. Leonardo Lomelí, secretario general de la Universidad, economista e historiador, exdirector de la Facultad de Economía, quien en 2015 contendió por la Rectoría, pero perdió ante Graue.

Además, se habla de Imanol Ordorika, histórico dirigente del Consejo Estudiantil Universitario y hoy director de Evaluación de la UNAM, y de la socióloga Guadalupe Valencia, quien desde 2019 es coordinadora de Humanida- des de la UNAM.

La Junta de Gobierno emite la convocatoria para la sucesión en la Rectoría el segundo lunes de octubre, pero este es el primer trazo de las preferencias universitarias por promover a los diferentes líderes académicos en el interior de la UNAM, para convertirse en la persona que la dirija los próximos cuatro años.

LA SUCESIÓN

La UNAM inicia formalmente el proceso para elegir a la persona encargada de la Rectoría cuando se publica la convocatoria.

La Junta de Gobierno debe designar internamente a quien será el representante legal y presidente del Consejo Universitario por cuatro años.

Sus 15 miembros académicos eligen entre quienes se autoproclamen candidatos y los que postule la comunidad universitaria; luego los cita a comparecer.

Los integrantes toman en cuenta requisitos contemplados en el artículo 32 del Estatuto General, como ser mexicano por nacimiento, de entre 35 y 70 años.

También, poseer un grado superior al bachillerato; tener al menos diez años de docencia o investigación en la UNAM y distinciones en su especialidad.

El aspirante que logre diez de los 15 votos podrá ocupar el cargo de rector de la UNAM. Podrá ser reelecto una vez, para sumar ocho años de gestión.

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‘NOS PUEDEN LLAMAR CASTA DORADA, NI MODO’

Luis Álvarez Icaza Longoria, secretario administrativo de la UNAM, rechazó que sean precarios los sueldos de los 28 mil profesores de asignatura de la máxima casa de estudios, a quienes reconoció como la espina dorsal del sistema docente.

Además, dijo que cuentan con seguridad social y han sido el sector más favorecido por aumentos salariales en la última década, con incrementos que van de entre 30 y 40% por encima de la inflación.

Yo hice un análisis muy cuidadoso de cuánto ganaba un profesor de asignatura por hora que tuviera cinco años de antigüedad y que impartiera ocho horas a la semana en la Universidad, un trabajo claramente de tiempo parcial”, indicó.

Le sumó, explicó, prestaciones, aguinaldo, vacaciones, prima vacacional y programas de estímulo. Para ser profesor de asignatura, el requisito es tener licenciatura terminada y lo comparó con un profesor asociado “C”, que requiere doctorado.

Lo comparé con los mismos cincos años de antigüedad y, suponiendo que este profesor de tiempo completo tenía acceso a la prestaciones que tiene derecho a tener, encontré que el salario por hora del profesor de asignatura era mayor que el salario por hora del investigador o del profesor de tiempo completo, cuando el nivel de calificación que tenían en ambos casos es muy distinto”, detalló.

Para Álvarez Icaza, el mensaje de que los profesores están precarizados es falso, aunque reconoció que no es posible que alguien que imparte ocho horas de clase pueda vivir con un salario que está diseñado para una actividad de ocho horas.

Señalado como parte de la “burocracia dorada” de la Universidad, ese pequeño grupo de funcionarios que ganan sueldos de entre 90 mil y 183 mil pesos al mes, explicó que en su caso, 75% de su sueldo proviene de su salario como investigador titular “C” de tiempo completo.

Tengo trabajando 40 años en la UNAM, lo que a mí me dan por ser funcionario es una fracción bastante menor de mi sueldo total; sí, nos pueden llamar casta dorada, ni modo; algún nombre tendríamos que tener”, sostuvo.

Lo que sí ha hecho la Universidad, afirmó, es reconocer el trabajo adicional que hace un académico por la gestión institucional, porque implica doble trabajo y hay que cumplir con el estándar académico.

Por ejemplo, tenemos un programa de primas al desempeño académico que puede representar hasta 100% de mi salario; para mantener ese programa debo tener alta productividad. En mi caso, además de mi trabajo de secretario administrativo, sigo dando clases, dirigiendo tesis, escribiendo artículos. No es fácil mantener el trabajo de atención a un cargo de responsabilidad y la carrera académica. Entonces, si ganamos un poco más por eso, francamente lo considero justo”, aseveró.

Indicó que sí hay desigualdades, pero unas son injustas y otras, justas. “No puedo pretender que una persona que en méritos académicos recién terminó la licenciatura, compararla con un investigador titular “C”, que para llegar a ese nivel ha tenido una carrera de entre 20 y 25 años, ha construido un prestigio académico, abonando al trabajo de su área. Sí es desigualdad, pero obedece a una lógica de mayor competencia, mayor salario”, acotó.

Reconoció que existe un sector de profesores de asignatura que ha pretendido hacer de su trabajo por horas, un trabajo de tiempo completo. Por supuesto, dijo, están descontentos y les gustaría que la UNAM les ofreciera otras condiciones.

No podemos hacer más que eso, la Universidad gasta ahorita del presupuesto federal como 86% en sueldos, proporción que ya es alta. Una Universidad que gasta cada vez más en los sueldos es una Universidad que tiene menos dinero para hacer otras cosas, como servicios a los estudiantes, oportunidades de equipamiento para investigación así como ampliación y modernización de las instalaciones”, expuso.

NUNCA HAY PRESUPUESTO QUE ALCANCE

Como administrador de la máxima casa de estudios que tiene como tarea contender con todas las necesidades de recursos materiales, indicó que el presupuesto nunca es suficiente.

Mi problema es que siempre tengo más solicitudes que recursos, mi principal trabajo es establecer criterios para priorizar la asignación de los recursos posibles, pero si tuviera más recursos, estaría feliz porque podríamos hacer muchas más cosas”.

Comparando los presupuestos universitarios de otros países, dijo, vieron que se está en desventaja.

Eso se traduce en la falta de instalaciones que fomenten alta productividad, falta de condiciones para tener intercambios académicos, falta de mayores oportunidad, para tener mejores laboratorios para estudiantes y que interfieren en no poder aumentar todavía más nuestra calidad”, comentó.

Álvarez Icaza admitió que el retiro del presupuesto federal para el Programa de Becas Elisa Acuña de este año fue sorpresivo porque desde la Universidad se pensaba que era un programa seguro.

Si uno establece un programa de apoyo de becas pienso que deberían establecer un compromiso a una cierta ventana de tiempo y uno debiera avisar con cierta anticipación que lo va retirar. Quizá el asunto más sorpresivo con las becas Elisa Acuña es la desaparición súbita  del apoyo”, refirió.

Reiteró, sin embargo, que el apoyo para los estudiantes está garantizado con recursos que la Universidad redirigirá.

No sé quién puede ser la persona que siga en la rectoría después del doctor Graue, pero difícilmente percibo a un nuevo rector que no le dé importancia al tema de las becas estudiantiles. Sí tiene costo, por supuesto, porque estamos haciendo pellizquitos del presupuesto de otros lados para integrar estos recursos. Sería mejor para la Universidad tenerlo, pero nos podemos acomodar”, afirmó.

Sobre la relación con la Secretaría de Educación Pública (SEP) aseguró que es excelente y la controversia en relación a las becas es sólo eso.

No queremos polemizar, nuestro punto de vista es que se trata de un apoyo que tienen los estudiantes y no consideramos conveniente que se suspenda. Si los recursos de parte de la SEP se suspenden, nosotros vamos a seguir manteniendo estas becas, eso es lo único que importa, lo demás son infiernitos que, para mí, no valen la pena”, manifestó.

VOTACIONES ELECTRÓNICAS

Al referirse al proceso de sucesión de la Rectoría, aseguró que, si la comunidad universitaria decide cambiar la forma de elección, la UNAM tiene la capacidad suficiente para llevar a cabo votaciones electrónicas.

Sin embargo, consideró que la discusión sobre este tema no tiene que ver con la capacidad de la máxima casa de estudios para organizar votaciones, sino con razones históricas de su forma de gobierno.

Se vale discutirlo y pensar cómo nos va funcionar, pero hay una parte, en esencia, que me importa rescatar y es que la Universidad es una institución meritocrática. Los universitarios pensamos que la UNAM es un espacio de participación abierta, pero somos muy sensibles a tomar en cuenta los méritos”, indicó.

Cuando uno piensa en un rector, dijo, uno no piensa en una persona común o corriente, sino en alguien que tenga méritos académicos para ocupar un lugar como la Rectoría.

La historia nos ha enseñado que conseguir ese perfil a veces no es fácil, entonces intentar convertir esta designación en un proceso  meramente de un voto resultaría complicado”, concluyó.

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